Kung Fu estilo Hung Gar

Muchos historiadores citan en sus trabajos que fue el monasterio de Shaolín el lugar en el que nacieron las artes marciales chinas (AMC) que hoy conocemos. Nada más lejos de la realidad.

Es ciertamente evidente que los monasterios de Shaolín fueron, en sus momentos históricos correspondientes, grandes focos de desarrollo de diferentes sistemas marciales, así como lugares de peregrinación para luchadores o interesados en el estudio de las artes marciales. Mitificado por los relatos de las proezas de los monjes guerreros que residían en ellos, muchos interesados en las AMC acudían a estos templos con la intención de ampliar sus conocimientos en el arte de luchar. La documentación relativa a los periodos históricos que comprenden estos monasterios es escasa, cuando no inexistente y en muchos casos se ha optado por la solución fácil de incluir estos lugares como el origen de algo que se venía fraguando desde mucho antes.

Podemos plantearnos un razonamiento muy lógico para desterrar este mito. La relación entre las AMC y el monasterio de Shaolín nace con la justificación de la existencia y actividad de una persona que estudiaremos detenidamente y en profundidad a lo largo de este artículo: Bodhidharma.

Está oficialmente reconocido que, de ser cierta la llegada de este monje a China (cosa que posteriormente podrá ser también puesta en duda), dicha llegada debió ocurrir allá por el siglo vi d. C. Esto alejaría mucho su relación con los orígenes de las AMC. Por un lado tenemos los tratados de Sun Tzu relativos al arte de la guerra. Este estratega militar chino vivió en el siglo iv a. C., en el estado de Qi. Este tratado, cuya filosofía sigue vigente en la actualidad por la rotundidad de los conceptos que contiene y la calidad de sus afirmaciones tanto filosóficas como estratégicas, nos da muestras con su contenido de una importante actividad bélica, germen del desarrollo de sistemas de lucha en todas las culturas.

Nos resulta descabellado pensar que el desarrollo de las AMC ocurre a partir del siglo vi d. C., al ser precisamente con mucha anterioridad a este siglo cuando nos encontramos con los periodos bélicos más importantes dentro de la historia de este país.

Es cierto, sin duda, que este monasterio desempeñó un papel determinante en el desarrollo posterior del material técnico marcial existente con anterioridad a él.

Estudiaremos la historia del monasterio de Shaolín más adelante y concretaremos las semillas que justificarán su intervención en la creación del Hung Gar tal y como lo conocemos actualmente, pero tenemos que tener muy claro que muchos de los trabajos que han llegado a nosotros en la actualidad provienen de épocas muy antiguas cuyos orígenes no pueden certificarse por la falta de documentos que demuestren de forma precisa su existencia.

Se han encontrado escritos relativos a un deporte militar llamado Jiaoli datados en la dinastía Zhou (xi-221 a. C.). Es un periodo histórico muy amplio, pero nos ofrece ya datos de una práctica marcial propiamente dicha y de su relación con el entorno de la guerra. Es interesante analizar de qué forma trascienden estas artes de los ejércitos para llegar al pueblo llano.

Algunos historiadores recrean la imagen de los clanes que volvían de la guerra y que mantenían vivos sus sistemas de lucha. Dada la enorme actividad bélica de este país en guerras constantes contra las hordas invasoras del norte, así como las guerras civiles y militares entre clanes para asumir la concentración del poder y la unificación del país, no es difícil imaginar el caldo de cultivo en el que se nutrieron los estilos que conocemos en la actualidad.

Estos estilos, siempre sujetos a evolución y a una selección natural en el desarrollo de sus técnicas, evolucionaron dentro de cada clan hasta niveles que seguramente hoy no podemos ni imaginar. Con certeza, la calidad de un sistema, en un entorno general de guerra, no garantizaba la victoria, siendo ésta más -como cita Sun Tzu en sus tratados- resultado de una estrategia general más efectiva y de condiciones generales óptimas: terreno, distancias recorridas, clima, etc.

Los elementos que propiciaron la supervivencia y evolución natural de los estilos debemos buscarlos en el seno de la sociedad, en concreto en las disputas civiles alejadas de los elementos presentes en las grandes batallas. Es precisamente en estos entornos donde las autoridades locales de los clanes vencedores se encontraban con el problema de una población con formación militar y que debía someterse de manera voluntaria o por la fuerza.

Conocida es la tendencia del pueblo chino a la creación de sociedades secretas y sectas cuya única finalidad residía a veces en vencer al opresor. Esto generó, en muchos casos, la prohibición bajo pena de muerte de toda práctica marcial en el entorno civil.

Hemos generalizado sobremanera en estas últimas apreciaciones, debido a que esta situación se dio en muchos lugares y muchas épocas diferentes y bajo circunstancias muy similares. El motivo que nos lleva a concentrar y a generalizar esta información radica en la intención que tenemos de concretar por qué llegan las artes marciales a los monasterios, algo que, en principio, puede suscitar la extrañeza cuando no la incomprensión de la lógica que generó este movimiento.

Podemos entender, según las manifestaciones realizadas por algunos estudiosos del tema, que los templos asumieron el papel no exclusivo de recogida de personas perseguidas por la ley como una de sus actividades. Si entendemos del mismo modo que uno de los motivos más comunes en este periodo para verse en esta necesidad de fuga era el ser reconocido públicamente como artista marcial, podemos entender por qué líneas estilísticas tan diferentes y tan diversas se manifiestan en lugares tan concentrados. Los monasterios fueron centros de refugio para perseguidos y para grandes maestros que eran buscados por la autoridad que los clasificaba como un elemento perturbador. Dentro de esta clasificación no entraban los monasterios que, en determinados momentos de la historia, han gozado de cierta impunidad legislativa debido a su trato directo con lo divino, algo que les hizo ganar muchos adeptos, pero que sembró las tempestades que, en momentos concretos de la historia, les llevaron a la destrucción más absoluta. Éste fue el destino y, en parte, la historia a grandes rasgos del monasterio de Shaolín.

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